Parte I: Callo, entonces escribo.

…aunque no soy buena hablando
y no sé si lo sea escribiendo,
por ti estoy haciendo el intento.

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Me ves. Te veo. Y me inundo de colores.

Es tanto lo que quiero decirte,

creo que no terminaría nunca,

así que decido callar.

 

Quiero decirte que me encanta la libertad de tus manos al hablar. El color de tus labios, como te los muerdes al rabiar y como con esos mismos a otro planeta me elevas. Que me gusta mirarte tanto como a ti te gusta el mar. Como con tu sonrisa mis lágrimas haces secar.

Que amo tu valentía, como lloras cuando algo te molesta y sabes que no lo puedes cambiar. Que con sólo tu forma de caminar me llevas al cielo y haces que me queme en el infierno de tanto deseo.

Que soy adicta a tu abrazo carcelario para que no huya mientras duermes. A tu mensaje pidiéndome que despierte porque me extrañas. A la diosa que eres en la cama.

No sé cómo decirte que por ti me he vuelto atea, al hacer de tu cuerpo mi templo.  Que le pusiste correas y bozales a mis demonios, los has domado. Que apagaste mi fuego, pero no dejas de encenderme con cada beso.

Pero te veo y me paralizo, entonces, mejor callo.

 

Callo eso y mucho más;

porque cuando te veo sólo logro balbucear,

me consumen los nervios, me empapa la cobardía.

Lo que se me dificulta decirte, con letras lo plasmo,

porque aunque no soy buena hablando

y no sé si lo sea escribiendo,

por ti estoy haciendo el intento.

 

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