Quien no teme. 

Aspiraste lo bueno y lo putrefacto,
no hubo rincón en mí
que tus curiosas manos no profanaron.

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Decidí entrar a la boca del lobo desde que te conocí.

Despertar a la bestia,

abrir la puerta de la jaula,

y dejarla salir.

Arrastrar afuera el monstruo que habita debajo de tu cama,

apoyar mi cabeza en el lado oscuro de tu almohada,

y dormir.

Me quité la ropa,

desnudé mis dudas.

Desgarré mi piel,

me despoje de mis miedos.

Te invité a que me desmenuzaras desde adentro,

como quien no teme,

como quien lo da todo.

Revolví tu basura.

Y mi basura.

Escavaste mi dermis,

roíste mis huesos.

Aspiraste lo bueno y lo putrefacto,

no hubo rincón en mí

que tus curiosas manos no profanaron.

Desaté todos tus demonios,

sin cruz y sin rosario.

Entraste a mi templo.

Adoraste a mi Dios y a mi Diablo.

A diferencia de ti,

sabes mejor que yo,

que amar(te) no me da pavor,

y menos,

que me rompas el corazón.

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