Discúlpame.

Disculpa que camine mirando al cielo, y que tropiece cada 2 minutos.

 Solo lo hago a ver si algún día me vuelvo a topar contigo.

Discúlpame, sé que siempre ando con el cabello despeinado y armo los mismos conjuntos de ropa.

Pero no dudes que para ti me ducho, me perfumo y me pongo mi vestido rosa.

 

Sé que siempre llego corriendo a nuestros encuentros, sudada (y obviamente despeinada), y así llegue diez minutos antes siempre ando azorada.

Todo se resume en que no quiero hacerte esperar, no vaya a ser que llegue alguien más y tome mi lugar.

 

Siempre le echo tres cucharadas de azúcar al café y dos de sal a la pasta, dice mi abuela que esa es la medida exacta.

Tan exacta como que nos íbamos a enamorar con el primer tic-tac.

 

Disculpa mi curiosidad, mis preguntas necias y la necesidad de encontrarle a todo una respuesta. Mi aire de anticuada y filosofa loca.

Pasa que soy una romántica empedernida, que se quedó en la época de cartas escritas a mano y rosas.

 

Por usar ese vestido que te vuelve loca, y celosa.

Solo quiero seducirte y que me hagas el amor hasta la mañana.

 

Disculpa mi dislexia de palabras, y por olvidar tu cumpleaños, ya sabes como soy con las fechas.

Para que veas que si te quiero ya lo anote en el calendario.

 

Por querer contarte todo, desde cuanto me costó el boleto del tren, hasta los minutos de retraso en cada estación.

Sólo quiero hacerte parte de cada segundo de mi vida, desde que abro los ojos, hasta que me quedo dormida.

 

Discúlpame por besarte la nariz mientras me dices que no te gusta.

Por abrazarte y esconder mi rostro en tu pecho.

Entiende que es el único lugar donde no siento miedo.

 

Por escuchar esa canción que tanto odias y leerte a Neruda todos los días

Quiero recordarte hecha poesía, para que así seas infinita.

 

Disculpa, el desastre que soy, y todo este amor que quiero darte.

No estaba preparada para tu llegada, y sigo sin estarlo, aunque estaba esperando alguien como tú, entiende que solo estoy improvisando.

 

Disculpa que camine mirando al cielo y que tropiece cada 2 minutos.

 Sólo lo hago a ver si algún día me vuelvo a topar contigo.

Ya no amanece.

“Cuando los gobiernos temen al pueblo, hay libertad, cuando la gente teme al gobierno, hay tiranía”. “

“When governments fear the people, there is liberty. When the people fear the government, there is tyranny. The strongest reason for the people to retain the right to keep and bear arms is, as a last resort, to protect themselves against tyranny in government.”
Thomas Jefferson

 

En mi país,

ya no amanece,

todo es oscuridad.

 

Te despiertas,

y no escuchas pájaros,

escuchas gritos,

violencia, tiros.

Te asomas a la ventana

y están allanando la casa de tu vecino.

 

En mi país llueve la violencia,

víctimas de destrozos,

víctimas de delitos,

víctimas del gobierno maldito.

 

Los habitantes de mi país,

están en una guerra,

se cansaron de la tiranía,

alzan sus voces

y salen a protestar.

 

En las calles de mi país no hay miedo,

pero si represión,

al suelo caen los sueños,

al futuro lo quieren muerto,

lo quieren en prisión.

 

El aire de mi país viene cargado de dictadura,

vuelan bomba, vuelan balas.

Corre, corre,

que la delincuencia te atrapa.

Corre, corre

que los policías te agarran.

 

Un, dos, tres,

detonaciones,

¿Serán balas

o serán perdigones?

 

El cielo de mi país se tiñe de rojo,

pinceles punta de fusil,

sangre manchando el asfalto,

la orden es matar a los venezolanos.

 

En mi país,

ya no amanece.

Ya no se ve la libertad brillar.

Vete

Vete,

saca del armario tu indecisión,

llena la maleta con tus dudas,

y llévate también tus miedos (por favor).

 

Vete,

dame un beso en la frente

y márchate antes de que despierte,

mira que en mis sueños todavía me quieres.

 

Vete,

suave,

despacio.

Sal de puntillas,

como quien está huyendo,

sé sigiloso,

como quien está escapando,

como quien no quiere ser escuchado.

 

Vete,

rómpeme el corazón

(como el cobarde que eres).

Rómpeme el corazón

pero no dejes caer al suelo los pedazos,

no hagas ruido,

el silencio ya es ensordecedor.

 

Vete,

al salir,

apaga la luz,

cierra con llave la puerta,

y no dejes rastro de tus pasos.

 

Vete,

y no mires atrás.

 Recuerda que

puedes irte,

 pero no regresar.

Poesía punzante.

La recita Cortázar,

escribe Benedetti,

y canta Sabina.

Ella me vuelca los sentimientos

y de mis ojos brotan lagrimas cargadas de emociones.

Ella me sana el alma,

pero primero me la destroza en pequeños pedazos,

luego con cada palabra me arma.

Ella me hace creer de nuevo en el amor,

después de cada desilusión.

La recita Cortázar,

escribe Benedetti,

y canta Sabina.

Cada verso es el filo de la sierra,

cada rima la mano que hala el gatillo,

cada estrofa una avalancha que te sepulta.

En ese momento logras entender el mensaje,

ves como sangra tu herida,

ves quien tiene en la mano el cuchillo.

Y entonces,

solo entonces,

te das cuenta:

Te rompieron el corazón

y la poesía te lo curó.

 

Me gusta leer poesía,

Poesía punzante,

así es como le llamo yo.

Quien no teme. 

Aspiraste lo bueno y lo putrefacto,
no hubo rincón en mí
que tus curiosas manos no profanaron.

Decidí entrar a la boca del lobo desde que te conocí.

Despertar a la bestia,

abrir la puerta de la jaula,

y dejarla salir.

Arrastrar afuera el monstruo que habita debajo de tu cama,

apoyar mi cabeza en el lado oscuro de tu almohada,

y dormir.

Me quité la ropa,

desnudé mis dudas.

Desgarré mi piel,

me despoje de mis miedos.

Te invité a que me desmenuzaras desde adentro,

como quien no teme,

como quien lo da todo.

Revolví tu basura.

Y mi basura.

Escavaste mi dermis,

roíste mis huesos.

Aspiraste lo bueno y lo putrefacto,

no hubo rincón en mí

que tus curiosas manos no profanaron.

Desaté todos tus demonios,

sin cruz y sin rosario.

Entraste a mi templo.

Adoraste a mi Dios y a mi Diablo.

A diferencia de ti,

sabes mejor que yo,

que amar(te) no me da pavor,

y menos,

que me rompas el corazón.

Enamorándome de la tormenta.

¿Qué más daba? No había problema en que el agua y la arena se juntaran.

Te acercaste a mí y las nubes grises se asomaron a tu espalda, anunciando la tempestad que se avecinaba.

Tú eras la Luna.

Yo la marea.

¿Cómo no iba a sentirme atraída por ti?

Pero esto iba mucho más allá de la fuerza de gravedad.

Te abalanzaste sobre mí, como una gran ola tragándose un pequeño barco perdido en alta mar. Me besaste, hiciste que izara mis velas con el viento acariciando mi rostro, volando nuestra ropa, llevándonos hasta nuestro camarote, dándome la valentía para hacerte mía, ¿Qué más daba? No había problema en que el agua y la arena se juntaran.

Entonces escuché el canto melodioso de las sirenas, y en tus ojos pude ver gaviotas volar, delfines saltar, peces fuera del agua respirar. Mi corazón salió a cubierta y se empezó a bambolear, el radar emitió su señal de alarma, su aviso de peligro, pero ya estaba muy lejos de la orilla, no había manera de regresar, ya me encontraba navegando en tu salvaje mar.

Yo solo quería ser un náufrago en tu océano. El pirata que conquistara tu inmensidad.

Que bien se sentía la lluvia en mi cara. Que bien se sentía danzar al son de la corriente.

Mis pies sintieron el agua helada entrar por la proa,

dijiste que todo estaría bien.

Empecé a ahogarme, a sumergirme en ti,

suplicaste que no te dejara.

Oh, mi Poseidón,

y yo no tenía el valor para dejarte.

Tomé el timón.

Giré a babor.

Mis labios dispararon un “te quiero“,

proclamando mi condena.

Y me adentré en el ojo de la tormenta.

Amores tóxicos.

De esos amores que matan,

que rompen,

que te desgarran desde las entrañas.

Los que te hacen añicos con un beso,

y te aniquilan con palabras.

Que te destrozan y luego se van.

De los que solo recibes migajas,

pero te exigen sentimientos enteros.

Con los que te ilusionas,

en los que depositas tu voto de fe aún sabiendo que acabarán mal.

Esos amores que son cura y enfermedad,

te salvan y te condenan,

son la herida y la bala.

De esos amores tóxicos,

así como el nuestro.